Volando a Corea del Sur por tercera vez

Si me sigues en Facebook o Twitter ya viste que en Abril viajé a Corea del Sur.

Ahora quiero empezar a contarte esta historia que aún siendo la tercera vez que piso tierras coreanas, ha sido quizás la más increíble.

Este viaje lo hice solo. Así es. Fui exclusivamente a entrenar con grandes maestros coreanos. Nada de campeonatos, ni cursos. Bueno en realidad a comer deliciosa comida coreana y, entre comida y comida, entrenar.

Como iba solo decidí gastar un poco y volar con Korean Air. Fueron 980€ (ida y vuelta) pero deja que te diga, menuda diferencia. No solo por ser un vuelo directo desde Barcelona a Seúl, cosa que hace que el tiempo en el aire sean solo 12 horas. Sino que además el servicio abordo es de lo mejor que he visto en todos mis viajes con otras compañías. Ya sabes que soy un poco tiquismiquis al comer, esta ha sido la primera vez que la comida de avión me ha gustado. Era bibimbap!

Mi cara de emoción ante las trepidantes 12 horas de viaje que me esperaban:

No hay planes que valgan

Este viaje ha sido el más improvisado de mi vida. Con tan solo unas borrosas pinceladas no reservé ni un hotel. Fue todo sobre la marcha. ¿Por qué? No tenía ni idea antes de llegar a Corea del Sur cuántos días estaría entrenando con cada Maestro. Estos estaban en diferentes partes de Corea así que hacer planes era inútil. Tan solo tenía un dato, al llegar a Seúl debía coger el tren de alta velocidad (KTX) y viajar una hora dirección sur a la ciudad de Daejeon.

Aquí es cuando me cuelgo la mini medalla. La verdad es que no tuve ningún problema en llegar a Seúl desde el aeropuerto de Incheon y de ahí tren a Daejeon. En el sentido de recargar mi tarjeta de metro, comprar billete, buscar el anden, etc… Siendo esta mi tercera incursión por estos lares, me sentí bastante cómodo con todo. Para la próxima seré un coreano más.

La quinta ciudad más grande

Si le preguntas a cualquier coreano te dirá, como me dijeron a mi, que en Daejeon no hay nada. Es una ciudad dormitorio, familiar, sin nada que ver o hacer para el turista.

Ciertamente es así, hay pocas cosas que un turista pueda encontrar interesantes (más allá de la vida cotidiana de sus habitantes, que ya sabes me encanta fotografiar).

Esta ciudad era mi primera parada, el primer gran maestro me esperaba. Llegué, me puse en contacto y me encontré con él.

Este, tras invitarme a cenar con su familia en su casa, me llevó a una calle llena de moteles y me metió en el primero que vio. Suficiente. Económico y sencillo, a veces para dormir no hace falta más. Aunque soy de los que valora cada vez más una buena habitación para recuperar energía. Sea como sea, iba a estar allí la primera semana. Ya habría tiempo de gastar mis “wones” en otro hotel más adelante.

A la mañana siguiente, el primo de este maestro nos invitó a comer barbacoa en su casa de campo. Un hombre que aunque yo tan solo había visto una vez en mi vida, sin realmente conocerle, me invitó a comer panceta a su casa. Fue, como en aquella película, una oferta que no pude rechazar.

Mi coreano era muy limitado pero más amplio que el de muchos turistas. Debo decir que el repaso que hice antes de emprender el viaje me abrió más puertas, muchas más que sin hablar ni pizca.
No es extraño, a cualquier persona le gusta que un turista haga el esfuerzo de hablar su idioma cuando viene a su tierra. Unas buenas carcajadas nos pegamos a mi costa con mis chapurreos.

Que te voy a contar, la experiencia de la barbacoa coreana en medio del campo con maestros de artes marciales fuera del gimnasio es una experiencia poco habitual. Menuda suerte la mía.

Volvimos a la ciudad tras despedirnos y darle las gracias de corazón por ese día. De vuelta a la metrópolis para cenar y dormir, mañana nos esperaba el primer día de entrenamiento.

4 comentarios

Deja un comentario

*
*