Subimos a 2291 metros el Monte Asahidake en Japón

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Nunca imaginé que en nuestra visita a la isla de Hokkaido en el Viaje a Japón subiríamos su montaña más alta.

La guía indicaba que esa montaña era “fácil”. Eso buscábamos, mi compañero Javi tiene más experiencia pero yo de subir montañas nada de nada. No solo eso, sino que no íbamos equipados para hacer nada extremo.

Lo que en un principio estaba catalogado como fácil acabó siendo una escalada en toda regla, complicada, con partes muy empinadas, con peligro mortal de caer colina abajo y con un sol que, a más de 2000 metros de altura, quema.

Llegamos en coche a la base de la montaña, una vez ahí pagamos el teleférico para llegar a la base de la montaña.

Nubes de vapor de azufre hacían que ese principio del sendero oliera a huevos podridos, un hedor bastante repugnante. No solo físicamente difícil subir la montaña sino que además parece que tengas a alguien delante tirándose pedos en tu cara. Así de claro.

Pero no todo fue malo. Todos los japoneses con los que nos cruzamos fueron muy simpáticos. Recuerdo a un anciano, que nos encontramos a medio camino. Éste me preguntó, en japonés, si era extranjero. Llevando gorra, gafas de sol y saludándole en japonés supongo que el hombre quedó descolocado.
Ese anciano hizo cima, que valiente. Nos volvimos a cruzar arriba y nos dimos la enhorabuena.

Una cima que quita el aliento

Hay pocas palabras para describir esa sensación. Llevas un montón de rato subiendo, resbalando, sufriendo… si bien vas alzando la vista no puedes mirar arriba mientras caminas, tienes que mirar al suelo. Un paso en falso podría significar caerte y morir. Pareceré extremo pero es cierto.
Todo esto cambia cuando llegas arriba, ahora puedes mirar, descansar y respirar aire puro (sin olor a azufre). El cansancio desaparece, al menos por un rato.

Bajando un grupo de personas liderados por un guía nos abrieron camino eligiendo el sendero más fácil. A mitad del descenso, parada de descanso. Tan amables que nos dieron un caramelo, dosis de azúcar en sangre para acabar el descenso sin peligro.

Fue una experiencia increíble, inesperada y sorprendentemente gratificante.

Esa misma noche dormimos en una cabaña en medio del bosque (aunque cerca de la ciudad) por 1000 yenes (unos 7€), junto a 10 personas más. Una experiencia difícil de olvidar, aunque totalmente opuesta a subir la montaña.

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El edificio del teleférico que acabamos de dejar atrás.

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Miramos arriba y vemos lo que nos espera.

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Después de un rato caminando aprovecho para mirar atrás, la caseta del teleférico ya está lejos.

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De vez cuando también miro arriba, los vapores de azufre y las nubes me regalan buenas vistas.

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El valiente anciano que hizo cima. No pensaba que lo iba a conseguir. Caray, no creía que llegaría yo.

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Mi compañero Javi disfrutando de la vista, aún a medio camino de la cima.

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No puedo evitar volver a darme la vuelta. La caseta del teleférico diminuta, casi se pierde en las nubes. Me ayuda a darme cuenta lo lejos que estamos ya.

¿Llegaremos arriba?

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Más compañeros de subida. Estos, creo, seguirán y harán noche en la montaña.

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La vista a 2291 metros

Esta es, así se ve Hokkaido desde su montaña más alta. La fotografía no consigue captar la grandeza de este paisaje.

¿Llegas a ver el edificio del teleférico en la base?

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