La montaña y yo no somos buenos amigos

Cuando mi colega Javi me comentó que quería ir a hacer fotos a la montaña poco me pensaba yo que me engañaría para caminar 11 kilómetros por una jungla despiadada y mortal.

Caminos empinados de rocas, volcanes en reposo y mucha vegetación fueron mis enemigos durante esa caminata infinita.

Además, no te lo pierdas, iba cargado con la Nikon D90 más el objetivo 24-70 que en total suman 1.5kg. Para los más aventureros y acostumbrados a las réflex, tripodes y mil objetivos quizás no sea nada pero para mi, acostumbrado 445 gramos de la Fuji X100… fue todo un reto.

Vale, me gusta despotricar, pero en realidad la aventura nos regaló alguna que otra fotografía digna de no ser tirada a la papelera. Y bueno, está bien respirar aire limpio una vez al año.

Cuando la madre naturaleza te lanza indirectas para que te largues tienes que improvisar. Caminaba yo tan feliz cuando me di cuenta que la suela de mi bota empezaba a despegarse. Al más puro estilo MacGyver al ver que la suela del zapato no aguantaría mucho más até el cordón por abajo. Fútil intento ya que al poco rato se despego por completo. Por suerte las botas estas aún tenían un metal por abajo, quedando rígidas. Y más suerte aún que todo esto pasara a poco rato del final 😉

¿Eres de montaña?

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