Impresiones del Viaje a Nueva York 2016

La mañana que tenía que coger el vuelo directo de 8 horas de Barcelona a JFK, Google me avisó de que se había cancelado. Llamé a la compañía para que me recolocaran. Desgraciadamente en un vuelo de 14 horas via Amsterdam. El viaje empezaba bien…

Después de 5 años he vuelto con la misma cámara a pisar el suelo de esta ciudad. Me ha sorprendido haber visto cosas de las que no me percaté en mi primera visita.

En Nueva York haz como los neoyorquinos

Cuando me encontré con mis compañeros de la empresa lo primero que me dijeron fue: no hagas caso de los semáforos para a los peatones.

Esa frase de cuándo en Roma haz como los romanos pues cuando en Nueva York… cruza en rojo siempre que puedas.

Nadie, absolutamente nadie, respeta la señal que prohíbe cruzar la calle. Solo se abstienen de ello cuando vienen coches. Sea como sea de grande la avenida, los estresados neoyorquinos cruzaran para llegar antes a su destino.

Llega a tal extremo que ni la policía dice nada. Imagina que había un guardia en el cruce y se quedó mirando como la marabunta de gente cruzo en rojo como si lo normal fuera cruzar cuando está rojo y parar cuando está blanco.

Si quieres camuflarte entre ellos, lo mejor es que cruces también. Así nadie notará que eres un turista.

Los conductores son muy agresivos

Pocas veces he temido por mi seguridad estando en un coche, una de estas ha sido aquí en Nueva York. El tráfico de esta ciudad es algo fuera de lo común. Un caos, un infierno, pone nervioso y estresa mucho. Supongo que los residentes estarán acostumbrados pero el ruido, los adelantamientos sin avisar, las bocinas, los acelerones… es el pan de cada día.

En este caso también, me cuentan que la policía no te multará por saltarte lineas continuas o por hacer maniobras peligrosas. Según parece te multarán por ir rápido pero para las demás infracciones son laxos.

Esto, parece ser, es solo en esta ciudad.

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El coste de la vida, los impuestos y las malditas propinas

No recordaba que todo fuera tan caro, la verdad. Desayunar por 12€, almuerzo de mediodía por 30€ y dos trozos de pizza por 8€.

Deja que te cuente lo que me ha tenido desconcertado todo el viaje… Entras en un sitio, miras las opciones y lees el precio. En el momento de pagar te van a añadir los impuestos y la propina que quieras dejar. En esta ciudad no menos del 15%, 20% para taxis, etc.
Tienes que ir con la idea clara que el precio que leas en el menú no es final. A primera vista parece barato, teniendo en cuenta que las cantidades aquí son enormes, pero al final siempre pagas de más.

Para los que no estamos acostumbrados a dar propina es un engorro. No sabes bien cuánto dar y cuidado no des poco que se pueden enfadar contigo.

¿Por qué no pueden poner los precios de la carta o del supermercado con impuestos?

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Cuidado con las raciones

Hablando de costes de comida… durante esta visita ha habido pocos platos que me haya podido terminar por completo. Son simplemente demasiado grandes para mi y no tienes opción de pedir menos, así que se acaba tirando comida a la basura.

Fui a desayunar y leí en la carta: french toast with bacon.

Sabía lo que era el plato pero el precio me desconcertó un poco, 19$. Bastante caro pero pensé que como es Nueva York y el sitio parecía algo pijo lo pedí igualmente.

Sorpresa para mi el plato llego con tres tostadas más grandes que mi mano, bacon, fresas, plátano y arándanos.

Eso, más el café americano (que en realidad es agua de color negra al que tienes que echar leche y azúcar para hacerlo bebible) me costó 22.50$ (19$ tostadas más 3.5$ del café). Pero espera… que no llevaba impuestos. Precio total: 24.5$ Pero espera… que falta la propina del 16% (3.6$).

Es decir: 28.1$ (25€)

Pronto más…

Estas han sido cuatro pinceladas de mis aventuras por Nueva York. Ha sido todo positivo, con sus más y menos, pero contento de haber venido. El jetlag del primer día no te lo quita nadie, ese malestar, estómago revuelto, poco sueño (o mucho dependiendo de la hora)… Aún así con todo ya puedo decir que estoy lleno de Nueva York. Desgraciadamente mis dos visitas han coincido en la misma época, me hubiera gustado visitar la ciudad con los colores de otoño o la nieve de invierno.

He podido visitar mucho, no solo Manhattan pero Brooklyn y Long Island. Además he degustado buena y mortal comida, así que ahora toca volver a la realidad.

La verdad es que no me imagino viviendo en esta ciudad. No creo que viniera a vivir por voluntad propia. Visitar otros países te hace tener una mejor perspectiva del sitio donde vives. Después de este segundo viaje puedo decir que Barcelona, con todos sus más y menos, no tiene nada que envidiar a Nueva York. Respeto y admiro la gente que puede sobrevivir en esta caótica urbe.

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