El guitarrista anónimo

Cada semana voy a clases de guitarra, cada semana viajo en metro a la misma hora y casi cada semana me cruzo con el mismo hombre.

Este señor es alto, viejo, lleva gafas, un gorro, tiene de piel oscura y su ropa parece algo vieja, como desgastada.

Cada semana a la misma hora llega él con su guitarra y se prepara para tocar delante de esa audiencia pasajera. Esa gente que no le escuchará más que diez o quince segundos y que con suerte le dejará alguna moneda.

En nuestro primer encuentro el hombre me miró y me preguntó si ya había alguien tocando ahí. Lo hizo con una palabra, la cuál casi no recuerdo. Era algo algo parecido a “¿músico?” y creo que fue en inglés. Quería preguntarme si ya había alguien tocando en el pasillo del metro. Asentí con la cabeza y tras ver su suspiro de decepción seguí caminando.

Semanas más tarde nos volvimos a cruzar, esta vez intercambiamos un saludo con la mano. No sabría decirte porque lo hicimos, pero creo que fue una especie de respeto entre guitarristas.

Debo confesarte que el hombre me tiene totalmente intrigado ¿Quién será? ¿De dónde vendrá?

Me gustaría, si surge la oportunidad, intercambiar algunas palabras con él. La verdad es que nunca me animo y creo que en el fondo quizás no quiero hacerlo. Prefiero seguir pensando que es alguien que ha venido de Estados Unidos, alguien con unas raíces de delta blues americano, uno de esos guitarristas que con solo escucharlos y te inspirarías.

Ayer, me volví a cruzar con él. Esta vez nos hemos mirado a los ojos y hemos intercambiado una mútua sonrisa.

Quizás él también se pregunta quien soy yo.

Bicicleta bajo el sol

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