Agriturismo il Giglio – Cerdeña

La última noche nos tocaba dormir en una casa rural.

Estábamos convencidos que sería genial, tenía que serlo. La verdad fue que estuvo bien pero no como para tirar cohetes.

Llegamos allí, y como en los otros dos sitios, nos esperaban. Lo primero, como siempre, nos enseñaron nuestra habitación. De lo más simple, pequeña y poco rural. Era, digamos… normal.

Ah, eso sí, había Wifi. Y aunque tenías que estar fuera a la intemperie, pudimos navegar un poquito 😉

Por la noche, le preguntamos a la dueña donde podíamos ir a cenar. Nos recomendó un pueblo que estaba a poco rato en la maquina.

Allí no había nada, era un pueblo casi fantasma con un solo bar y un supermercado. Visto lo visto, decidimos volver a la casa y cenar allí.

La cena, creo recordar, fueron 25€ por persona. Y como nos vió cara de alucinados, jóvenes y pobres nos rebajó cincos euros a cada uno. Aún así… veinte euros.

Bastantes platos. Desde entrantes hasta pasta, pasando por verduras, sopa y carne.

Jamás había probado alcachofas (¿crudas?) con una especie de polvos mágicos. Parece ser que es muy típico de Cerdeña, según la mujer. Algo asqueroso a decir verdad.

Esa noche fue de lo más “interesante”. El sistema de calefacción de la habitación iba por aire. Ya sabes, de esos en el que el aire sale por el techo y que no calientan nada.

Mi prima, que a parte de estar loca ne-ce-si-ta-ba que la habitación fuera una sauna para poder dormir en paz, tuvo que pedirle a la mujer que se lo mirara o que nos diera más mantas.

No se con cuantas mantas acabamos en la cama. Lo que sí se es que a media noche yo estaba sudando como un cerdo. Casi me asfixio por la falta de aire ouch

Por la mañana teníamos incluído el desayuno. Correcto, no muy abundante pero correcto.

Cogimos el coche y emprendimos el viaje dirección sur. Más aventuras nos esperaban en nuestro último día en Cerdeña :foto:

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